Bien contada leyenda escuché de vieja luna de Diciembre que no se enamoró. Comenzó afirmando que no creía en Dios. Ella, sin embargo, sí creía en astronautas...
Verán, las lunas adquieren lo níveo, lo puro de ellas mismas de la leyenda de un encuentro ocurridao hace bastante tiempo a la Luna de Octubre de hace no sé cuántos años que nunca se enamoró, pero que sí lo hizo. Cada que llega la noche, no siempre después del día, con su sombra que sólo incita a develar aquello que se quiere ocultar y su soledad que cautiva, las lunas se embellecen aún más y las miradas de nosotros la decoran y la maquillan para que siga esperando un astronauta que la visite y la enamore y la convenza que no siempre estará sola. Por cada noche que pasa y que no ocurre visita alguna de astronauta las lunas adquieren, bella, belleza un poco más. Un distraído poeta se enamora, una niña pura sueña, un elegante viejo llora, las lunas adquieren nuevos encantos. Pero adivinen qué... ellas no quieren ser bellas, ni ser vistas, ni cualquier cosa que ocasionen si no conocen valiente amor verdadero. Cada una de ellas deja su puesto, allá en lo alto, lejano puesto, a su sucesora cuando son demasiado viejas para seguir esperando. Cada 30 días aproximadamente pasa esto, fugaz para nosotros los humanos, una eternidad para aquellas satélites serenas y románticas.
Pues sucedió en Octubre de hace no sé cuántos años que existió la luna menos memorable y sin encanto que alguna vez orbitara el rededor terrestre.
-¿Tenía nombre aquella luna?- recuerdo haberle preguntado a Luna Diciembre.
-Sí -contestó- Primera era su nombre. Y desde ella ninguna de nosotras obedece ningún nombre. Son solamente sentencias con apellidos sofisticados...
Tenía 27 días. Respiraba su ocaso Primera. Vivía acomodada tranquilamente ni tan lejos ni tan cerca de la Tierra y parecía estar de acuerdo con su pronta partida. Día 27 de Octubre de hace no sé cuántos años que le hizo sentir incluso un poco de gravedad. Como accidente llegó él, nada oportuno. Así como el destino. Llegó con su traje blanco, caminando sin gravedad, como verdadero caballero. Desde que lo vio llegar tuvo interés, e incógnita según Primera lo vigiló. Con sus artefactos, él midió el tamaño de sus sueños, recolectó muestras de su bondad y anotó varios poemas en forma de números y letras que no pudo entender ella. Primera entabló conversación con el brillo de su casco y con las huellas que dejaba él cuando daba paso alguno. "Fascinante" pensó ella "alguien al fin visita mis coordenadas, ¡y en Octubre!". Ocurrió lo que en las películas románticas que nunca he comprendido, que en minutos no se enamoró, y sí lo hizo. Sintió que soñaba aquella noche cobijada con una diminuta manta que él llevó y que posó sobre de ella. El astronauta sólo dijo una frase aquel día, "Nos veremos pronto", y partió con su platinada nave dejando dormida a Primera mientras la quería con la mirada, despidiéndose de lo mejor que le pasó en toda su vida...
Primera, eterna luna de Octubre de hace no sé cuántos años, decidió dejar su puesto como compañera de la Tierra el día 28. Nadie la contradijo, aunque fuera en contra de las reglas su retirada, porque la vieron más bella que nunca y que siempre, destellando fascinación, maravilla que fue y lo será siempre, y se fue a buscar a su astronauta, a su compañero. Única luna que tuvo el coraje de salir a buscar a su admirador.
No se sabe a dónde fue, qué caminos tomó, o si tomó alguno. No se sabe si alguna vez lo llegó a ver de nuevo, pero se dice que un día, el primero de Noviembre de hace no sé cuántos años, el astronauta que quiso a Primera con toda su alma amaneció cobijado con una manta igual a la que dejó en ella, con un rastro de polvo en la mano y recordando un sueño que sólo le contó a su Dios y a un par de lunas ya alejadas.
"¿Por qué se dedican tan fuertemente los humanos en romper los sueños de los niños pequeños, y de los que crecen todavía con algunos? Te sorprendería la cantidad de niños que quieren ser astronautas. Tal vez, ahorita mismo yo estaría viviendo mi propia historia con uno de ellos, y no solo contándote el fugaz romance de Primera, mi última pariente que fue verdaderamente feliz." -Luna Diciembre miró a lo lejano y concluyó "Wow, mira qué bonita estrella fugaz."
-Ricardo Arreola Partida.
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