jueves, 28 de junio de 2012

~Mía~

Cuando el reloj marca las 8:49 me gusta pensar que piensas en mí. Todos somos mártires alguna vez. 60 segundos, o mejor dicho, 60 oportunidades de casarnos temporalmente, vida mía. No sé qué esté ocurriendo ahorita a mi alrededor, o qué ocurrió, o qué ocurrirá, sólo sé que estoy escuchando una canción de 1 minuto llamada "Tú", de intérprete desconocido pero con voz familiar, tal vez sea aquella estrella.
Llámenme loco por traer un reloj de muñeca sin pila, detenido en un "te amo", no importa, pues cosas peores he visto en la televisión y he escuchado de las personas. CNN no tiene ningún noticiero llamado "Ella" que me mantenga informado de lo que hacen tus pequeñas manos, en las maldiciones que se gritan mis padres no existe palabra bella que me recuerde tu canto, y sin duda, mi almohada es áspera a comparación de tus mejillas de rubor delicado. 
La verdad es que no sé decir verdades. Últimamente me he equivocado en todo. Parpadeo segundos antes de lo que debería y las palomitas siempre se me queman en el microondas. ¿Te importa mucho eso? Soy sólo un ser humano cuyas pupilas confiesan adorarte todos los días, soy y no soy muchas cosas, pero dejo de ser y me dedico a extrañarte, a pensarte cuando el reloj marca las 8:49.

-Ricardo Arreola Partida

martes, 19 de junio de 2012

~Tengo una bomba de tiempo y no dudaré en usarla (parte 2)~

"No puedo creerlo, en verdad funcionó. Pensé que me mataría al instante, pero al parecer podré estar unos segundos en mi 19 de marzo tan amado.
El día está soleado y nuestra escuela secundaria justo como la recuerdo. Cuántas buenas historias las que sólo están localizadas en nuestros recuerdos, pero que tuvieron lugar aquí. El árbol del patio posa su sombra en la ventana de nuestro salón, y ella está más hermosa que nunca. Si la pudieran ver... En realidad no necesito de nada más pero de su canción de todos los días. Ésa que me hacía voltear a verla y reír. He vivido toda mi vida para este momento.
He soltado una lágrima, pero la sequé rápidamente porque ustedes se burlarían de mí si me vieran porque estamos en secundaria y somos jóvenes.
Ella está sentada detrás de mí. Nunca he visto prenda que se le vea mejor que el uniforme azul de nuestro colegio. En fin, le leí lo que traía escrito desde ya no recuerdo cuándo...

Te veo, boreal, y me encuentro,
por instantes,
por un momento,
y aunque al verte sigo roto
aún en pedazos, me enamoro.
He pensado en ti
desde marzo que es hoy
y es siempre,
mis latidos más te quieren
que nada existido.
Valeria, sé
que por ti me rompería
y de vivir dejaría
por ti, y por ti, y por ti.
Respiro,
y dejo de hacerlo,
por ti, y por ti, y por ti.

Su reacción, amigos, me la guardo, pero les puedo decir que sus ojos castaños nunca habían brillado tanto. La amo más hoy que nunca, pero en realidad siempre la amo más que el día anterior. En su mochila dejé el diccionario español-francés que dudé mucho en el ridículo que podría hacer al dárselo. Espero le sirva algún día. Su nombre es mi diccionario porque es todo lo que sé y lo que no sé. Me iba a despedir como siempre, sin despegar la vista de ella hasta que pasara la puerta del colegio y ya no pudiera verla, pero se acercó y con un beso en la mejilla me dijo "nos vemos mañana". Hoy la amo más que ayer, pero, lo repito, eso me pasa todos los días."

Esta fue la carta que encontramos apenas unos segundos después de que él desapareciera frente a nosotros. Sonreímos todos a pesar de que ninguno era gran aficionado al romance y a las cosas cursis. Esa noche cenamos juntos lunetas rojas y pizza, justo como a él le gustaba. Fue un pequeño himno que entonamos mientras recordábamos la secundaria. Y aunque no pudo alterar el presente y los frenos del carro de Valeria igual fallaron, encontramos entre las pertenencias de él una foto de ella en la torre Eiffel, sosteniendo un diccionario español-francés algo viejo, sonriendo para su fotógrafo misterioso, y en el reverso una frase "Respiro, y siempre lo hago, por ti, y por ti, y por ti."

-Ricardo Arreola Partida

jueves, 14 de junio de 2012

~Una entrega no se anuncia~

-Está bien. Está bien de verdad. En las palmas de mis manos no existía la necesidad de sostener una rosa. Hace 2 años yo tampoco te entregué una. Y pues, supongo que es lo mismo...
-No, no me entregaste una rosa hace ya... 2 años, wow, cómo pasa rápido el tiempo cuando el reloj deja de tener pilas. El sentimiento que me generaste al decirme que sí tenías planeado darme una lo fue todo para mí. Porque poquito o mucho, éramos un par que apenas se conocía. Y no, no sostuve tallo ese día, pero sostengo una sonrisa cada que recuerdo tus palabras. Hoy no es igual, no tengo rosa y no tienes un bonito sentimiento de sorpresa como el que yo tuve aquel día porque yo sí te anuncié flor hace 2 años, pero lo peor de todo... no te veo sonreír.
-Ya, ¿feliz? ya sonreí. Y cuando me dijiste que me darías ese detalle no te creí mucho, porque es mucho tiempo el que transcurre entre ochos de Junio, ¿o no lo sabías? No tienen sentido tus expresiones, fallan y fallan. Mejor tú sonríe, eso igual y funciona para hacerme sonreír, aunque no te prometo nada eh, estoy muy ocupada siendo roseada por el calor líquido del sol que viene a mí después de recorrer 149,600,000 km aproximadamente.
-Y sí jaja. Yo también me he dado cuenta de eso. Prácticamente todo tiene una atracción hacia ti. Como la vez que encontramos un glaciar en la fuente del parque donde estábamos sentados, dijo que quería conocerte ¿lo recuerdas? O la vez que un trébol de 4 hojas te encontró a ti porque según nos dijo, eres de buena suerte. Bueno, ¿ya me perd...
-Deja de decir incoherencias, jaja, yo no recuerdo eso... creo.
-Jaja, perdón, pero yo sí lo recuerdo... creo. Sí, poquito. Oye, me preguntaba si, perdón de nuevo, estoy un poco nervioso, ¿querrías ser una extraña conmigo? Ya sabes, no conocernos.
-¡Sí, definitivamente sí!
-¿En serio? Ay, temía que fueras a decir que no. ¡No puedo estar más feliz ahora!
-Yo tampoco, mira qué sonrisa tengo, y mis manos están temblando de la emoción.
-Oye... No te conozco.
-Aww, yo tampoco a ti.

Ella llegó a su casa y notó que en la puerta que la recibía estaba pegada una rosa rosa con un poco de blanco y una carta debajo de ella. En su rostro se reflejó extrañeza. La tomó. No sabía cómo lo sabía, pero estaba segura que dicho detalle era para ella. Corrió a su cuarto. Olió la rosa que tenía un olor sensible, abrió la carta que tenía varias palabras rotas. "No sé quién soy, pero tengo, tengo de verdad que darte una rosa. Algo en mi corazón me lo dice. Tampoco sé quién seas tú pero siento que te conozco. ¿Crees en vidas pasadas? Lo siento, estoy desvariando. Desperté hace apenas unas horas de un sueño que no recuerdo haber tenido, no me reconozco en el espejo ni en nada, pero espero que aceptes este regalo de un desconocido, porque es todo lo que este desconocido tenía como propósito en la vida. No sé a dónde iré, ni qué haré, pero ¿me acompañas? Lo siento, de nuevo estoy desvariando. Nos vemos en otra vida supongo..."
Terminó de leerlo y de pronto el olor de la rosa se había ido. Notó que ella tampoco se reconocía en el espejo. No recordó qué estaba haciendo antes de llegar a su casa, pero se sentía adormecida. Miró por la ventana y de pronto todo tuvo sentido para ella. Vio un trébol de 4 hojas en el hombro derecho de un muchacho que traía una mochila cargando. Parecía que se iba de viaje. No logró verle el rostro, pero aún así... corrió.

-Ricardo Arreola Partida

miércoles, 13 de junio de 2012

~¿No sabes quién soy?~

"¿No sabes quién soy? Es bastante sencillo, creo yo. Piensa tantito..."
Yo sé quién eres. Eres cuando una ola humedece un pedazo de playa. Eres cuando un libro es desempolvado. Eres los segundos entre la luz de un rayo y su sonido. Eres cuantas canciones se canten en mi país. Eres la lengua extranjera que me empeñé en no aprender. Eres mis días solitario. Eres mis días acompañado. Eres un plato de comida en la casa de mi abuelita. Eres el agua fría de la regadera en un caluroso verano. Eres el verano. Nunca me defraudarías, porque tú eres el fraude. Eres la victoria. Eres el azúcar. Una brisa de sorpresa, una caminata cuesta arriba, la sonrisa de un pequeño mundo, eso eres.
Jajajaja. Perdón, la vida y yo nos reímos juntos. Perdón por ser tan despistado, un poco olvidadizo y un confianzudo de lo peor, pero sobre todo por ser un extraño, o ¿acaso no sabes quién soy?

-Ricardo Arreola Partida

domingo, 10 de junio de 2012

~Hacía "pum, pum, pum"~

Fue una mañana cálida de verano la que anunció una historia de lo más real a mi persona. Aunque yo fui sólo un espectador, pues el relato fue entregado a la joven que después conocería como Andrea Barriga, tomé cada palabra y la guardé silencioso para mí, para siempre. 

"Que las nubes y la contaminación del aire nos cubran de la mirada inquisidora de las estrellas"-Con voz suave pero directa como carretera, y audaz como automovilistas en ella, parecía tener 70 años esa señora que cantó esas palabras, iniciando... simplemente algo. En sus pupilas se extraviaba el sol brillante, pues ya estaban totalmente ocupadas llenos de sabiduría. Prosiguió-"Las estrellas son celosas. Cada que nosotras, en especial nosotras, las mujeres, nos enamoramos ellas deciden esconderse un rato para maquillarse y salir en una noche en especial bonita para recuperar las miradas de los caball... de los hombres. Niña, tu mirada no se ve todos los días, en especial en este lugar. ¿Ya viste que las violetas se reflejan en tus ojos? Dime si me equivoco pero, te gusta dar vueltas corriendo con los brazos abiertos como si fueras aeroplano y conversas con las raíces del horizonte ¿cierto? Lo supe desde que te vi salir corriendo de detrás de aquel roble chueco... Te llamas Andrea. Aquí no estamos despiertos, Andrea, aquí ni siquiera es un lugar. Estás aquí, solamente para que yo te pueda decir mi canción. No tiene ritmo, y no tengo voz, así que sólo te la voy a cantar."

La joven no movía ni una articulación ni un músculo. Sus coordenadas eran ningunas, pero estaba sentada junto a la señora en una silla de madera vieja. La señora desde su silla de ruedas oxidada cerró los ojos y empezó a tararear. Noté que la joven sacó del bolsillo de su pantalón una foto arrugada y en blanco y negro. Era el rostro de un joven. No tenía ojos ni nariz ni boca ni orejas ni pelo. Era entonces, sólo el retrato de una silueta. "Encontré esta foto dentro de mi almohada la mañana siguiente del 4 de enero, esa noche había llorado, pero ya no me acuerdo por qué"- Dijo Andrea. "Y así es como inicia la canción"-Todavía con los párpados sobre sus ojos dijo la señora. Siguió tarareando y haciendo ruido con sus pies sobre la tierra.
"Esta foto tiene un nuevo rostro en ella cuando alguien está próximo a morir de amor, ¿sabe algo de esto? ¿puede explicarlo?"-De nuevo aquella joven habló, interrogando. "Es lo que te decía hace unos instantes, te gusta dar vueltas corriendo con los brazos abiertos como si fueras aeroplano y conversas con las raíces del horizonte. Eres pura. Aquellos que aparecen en la foto también lo son, pero sólo junto a alguien, son dependientes. Y, con juicio de valor incluido, eso no tiene nada de malo. No, claro que no. Pero a veces las estrellas son demasiado celosas... A veces, matan"-Cantó la mujer mientras Andrea se seguía interrogando muchas cosas, tomó una taza de té y bebieron ambas de ella. Siguió tarareando, haciendo ruido con sus pies y ahora era acompañada por el silbido del viento. "La misma foto he visto varias veces, muchas la han tenido. Muchas han tratado de salvar a los "muertos de amor" por mucho tiempo. Veo algo en ti que ninguna había tenido. Un nombre que comienza con A. Verás, la A es protectora, la A es protegida también, por la luna misma"-Empezó a haber mucho ruido. Parecía que la melodía había llegado a su parte más importante. No supe de dónde salía el ruido. La señora continuó con la última parte de su canción-"Escucha tu corazón. Escucha tu corazón. No te digo yo qué hacer. Escucha tu corazón. Escucha tu corazón." Y el ruido cesó. Todo cesó. Andrea se fue caminando por un camino de tierra azul. 

Desperté. Había sido un sueño. El día siguió como cualquier otro, con la nueva de que tenía un pensamiento nuevo en mi cabeza. La historia que no sé de dónde salió, o si yo la había tenido siquiera. Era yo una pregunta ambulante en el pasillo de mi escuela y entonces, vi a la misma joven del sueño que había tenido yo, que no sabía si había sido mío. Andrea ahí estaba. Todavía parecía un sueño ella. Decidí seguir siendo una pregunta ambulante y me acerqué a ella. "¿Escuchaste a tu corazón?" Le pregunté sin dudar. "Lo escuché anoche, y sólo hacía "pum, pum, pum""-Me contestó. Siguió caminando libre por el pasillo. Di media vuelta y tararee una canción conocida. El petirrojo de cada mañana voló más alto. Las montañas a lo lejos bailaban. Conversé con cada pigmento verde del pasto. Escuché una voz a lo lejos, pero como un susurro en mi oído. "Escóndete esta noche". Volteé y no había nadie. Todo estaba en pausa y el mundo se volvió blanco y negro. Escuché mi corazón aquella noche de cuarto menguante, y lo único que pude escuchar fue el desfallecer de un "pum, pum, pum" que apenas se escuchaba.

-Ricardo Arreola Partida

Cuento para Andrea Barriga
-¿Barriga qué?
-Barriga
-¡¿BARRIGA QUÉ?! 


jueves, 7 de junio de 2012

~Desde un 8 de Junio~

Hola, te estoy escribiendo un 8 de Junio y todos sabemos lo que significa. Hoy la siesta dura más. Hoy hay que escuchar rap y encontrar una nueva forma de caminar. Hoy sí me peino. Hoy me quieres poquito.
Te escribo un 8 de Junio porque sé que te gustan los días más que el chocolate y más que "vivir el presente". Espero que de tu agrado sea este 8 de Junio...
Este año como un parpadeo, o como una canción de 3 minutos que parece de uno.
¿Bailas conmigo? Porque hoy nos emparejamos las manos y nos las pegamos con Pritt para que no se despeguen. Bailemos porque ya sabes que mis 2 pies izquierdos quieren acompañar a tus zapatos recién estrenados en la pista de baile, mejor conocida como adoquín del patio de la escuela. 
Bailaste conmigo, y nos vimos raro porque ya todos se acostumbraron a mirarnos raro siempre, entonces sus expresiones han quedado raras por el resto de sus vidas. Al menos para nosotros, y tu expresión rara de "no me importa" hace feliz mi expresión rara de "tener las manos pegadas con Pritt es medio incómodo... pero no te quiero soltar". Ya no miramos alrededor porque todo se ha convertido en formas borrosas. Y es que empezamos a dar vueltas tomados de las manos, mirándonos hasta los pensamientos por la forma en que nos miramos. Me doy cuenta que el Pritt en las manos siempre estuvo en mi imaginación. Lo único que tengo en mis manos son huellas dactilares, rayones de tinta de pluma, y tus manos. El pegamento más bien son tus dedos, que por cierto no son nada incómodos sino suaves y tiernos como cualquier minuto que se prolongue tu sonrisa, y que recorren los triunfos de toda mi vida, masacrándolos, y dándome nuevos. Como este preciso instante. 
Ya no he tenido tiempo de tener tiempo. Ahora sólo me encargo de encontrar recetas para preparar un postre de lo más "compartible" contigo, porque conociendo tu gusto por el postre es probable que te lo regale y yo me quede con nada salvo con tu rara expresión de "niña bonita comiendo pastel". Me quedo con todo lo que necesito.
Te entrego una caja llena, llenísima, de otros días distintos a éste. Son varios, así que cuídalos, no se te vaya a perder ninguno, ninguno. Me escuchas contarte de manera fantástica los relatos de cada uno de esos días. Cómo olvidar la vez que combatimos con almohadas aquel dragón de 3 cabezas que se apoderaba de a poco de la alacena donde guardas las galletas. O la vez que... No, mejor no lo digo, mejor te vuelvo a besar exactamente igual, despertándote de aquella maldición milenaria que te hizo dormir 30 minutos más de siesta. ¿Recuerdas la vez que visitamos Saturno? Sí, el mismo día que te dije algo en voz bajita y pareció gustarte. 
En fin, esas son historias de otros días. Hoy, te venía a regalar un escrito 8 de Junio que ya abarcó más días que tampoco pasaron. Pero igual te regalo un amanecer frío para que me abraces en alguien más, y tus guantes tengan la dicha de ser usados por tus manos friolentas. Y te regalo mis horas que pasan por la calle sin saludarme, sin verme siquiera. Y sonrió porque todo lo que tengo para regalarte en estas letras estará a salvo contigo. Una despedida que mi ritmo cardíaco ha de darte, porque yo no me sé ni las vocales, mucho menos sé hablar contigo. Lo mejor de hoy fue sin duda que no me diste nada, porque con tu expresión rara de "ya se acabó la preparatoria" me diste un final que no existía, y sonrío callado y con un poco de pastel restante en el refrigerador y con ganas de tener Pritt en mis manos y con una expresión rara de "te extraño" que se convierte poco a poco en un "ya no tanto".

-Ricardo Arreola Partida.









domingo, 3 de junio de 2012

~Luciérnagas~

Un ratito viéndote con admiración, el cuerpo me sentía extraño. Desconocido sentimiento, si es que se puede llamar así. Desconocido despertar. Mis pupilas bailaron con las tuyas toda la noche. El vals de las pupilas. El tango de las pupilas. Fuimos clásicos, urbanos, bohemios y hasta rockeros. Déjame te digo que la ciudad nunca se vio tan iluminada. Semáforos y espectaculares llenaron transformada planicie. Nuestra ciudad tan guapa. Nosotros con nuestra ciudad, viendo lejos y teniéndonos cerca, yo escuchándote de cerquita y tú siempre tan feliz. Tus cuentos, tus fábulas, tus ojos. Lo nuestro, que se quedó sin nombre. Empinado jardín verde, airoso, y tú... ¿Qué nombre le da la física a la conjunción del tiempo-espacio más perfecto ocurrido en La Floresta y en mi pensamiento? Soy malo, malísimo con las fechas, he decidido tan solo llamarlo "ese día". Conocí estrellas fugaces que no me fueron presentadas, fue extraño porque era Noviembre y nunca en Noviembre había conocido nada ni a nadie. Nos sigo conociendo como "ese día". Perdí el prestigio que nunca tuve al no contestarte nunca con un beso. Pero gané con gran decoro al tenerte todo ese tiempo conmigo. Aunque no pasó ni un minuto en esas horas, todo el tiempo nos olvidamos del reloj hasta que lo recordamos. Viendo luciérnagas. Mis primeras. Déjame regresar contigo a ese día. No te pido mucho, sólo un poco de suerte y hasta eso que no tanta. Ya mejor no te pido nada, ahora te doy de mis pulmones todo lo que tengo, cúrate un poco el asma, hazme mejor dándote una sonrisa y mejor ya hay que partir. Nunca lo dije. Y fuimos caminando y me recordé en mi infancia, tienes, tenemos un caminado muy peculiar, ¿ya había caminado contigo antes? Hasta la cochera de tu casa y hasta siempre, mi primera luciérnaga, siempre te tengo y te tendré.
Ya es tarde, ya pasó la hora de pedir deseos y hasta de pensarte ya no es hora. Pero...

-Ricardo Arreola Partida

sábado, 2 de junio de 2012

~The moon that was not in love~

Bien contada leyenda escuché de vieja luna de Diciembre que no se enamoró. Comenzó afirmando que no creía en Dios. Ella, sin embargo, sí creía en astronautas...

Verán, las lunas adquieren lo níveo, lo puro de ellas mismas de la leyenda de un encuentro ocurridao hace bastante tiempo a la Luna de Octubre de hace no sé cuántos años que nunca se enamoró, pero que sí lo hizo. Cada que llega la noche, no siempre después del día, con su sombra que sólo incita a develar aquello que se quiere ocultar y su soledad que cautiva, las lunas se embellecen aún más y las miradas de nosotros la decoran y la maquillan para que siga esperando un astronauta que la visite y la enamore y la convenza que no siempre estará sola. Por cada noche que pasa y que no ocurre visita alguna de astronauta las lunas adquieren, bella, belleza un poco más. Un distraído poeta se enamora, una niña pura sueña, un elegante viejo llora, las lunas adquieren nuevos encantos. Pero adivinen qué... ellas no quieren ser bellas, ni ser vistas, ni cualquier cosa que ocasionen si no conocen valiente amor verdadero. Cada una de ellas deja su puesto, allá en lo alto, lejano puesto, a su sucesora cuando son demasiado viejas para seguir esperando. Cada 30 días aproximadamente pasa esto, fugaz para nosotros los humanos, una eternidad para aquellas satélites serenas y románticas.

Pues sucedió en Octubre de hace no sé cuántos años que existió la luna menos memorable y sin encanto que alguna vez orbitara el rededor terrestre.
-¿Tenía nombre aquella luna?- recuerdo haberle preguntado a Luna Diciembre.
-Sí -contestó- Primera era su nombre. Y desde ella ninguna de nosotras obedece ningún nombre. Son solamente sentencias con apellidos sofisticados...
Tenía 27 días. Respiraba su ocaso Primera. Vivía acomodada tranquilamente ni tan lejos ni tan cerca de la Tierra y parecía estar de acuerdo con su pronta partida. Día 27 de Octubre de hace no sé cuántos años que le hizo sentir incluso un poco de gravedad. Como accidente llegó él, nada oportuno. Así como el destino. Llegó con su traje blanco, caminando sin gravedad, como verdadero caballero. Desde que lo vio llegar tuvo interés, e incógnita según Primera lo vigiló. Con sus artefactos, él midió el tamaño de sus sueños, recolectó muestras de su bondad y anotó varios poemas en forma de números y letras que no pudo entender ella. Primera entabló conversación con el brillo de su casco y con las huellas que dejaba él cuando daba paso alguno. "Fascinante" pensó ella "alguien al fin visita mis coordenadas, ¡y en Octubre!". Ocurrió lo que en las películas románticas que nunca he comprendido, que en minutos no se enamoró, y sí lo hizo. Sintió que soñaba aquella noche cobijada con una diminuta manta que él llevó y que posó sobre de ella. El astronauta sólo dijo una frase aquel día, "Nos veremos pronto", y partió con su platinada nave dejando dormida a Primera mientras la quería con la mirada, despidiéndose de lo mejor que le pasó en toda su vida...

Primera, eterna luna de Octubre de hace no sé cuántos años, decidió dejar su puesto como compañera de la Tierra el día 28. Nadie la contradijo, aunque fuera en contra de las reglas su retirada, porque la vieron más bella que nunca y que siempre, destellando fascinación, maravilla que fue y lo será siempre, y se fue a buscar a su astronauta, a su compañero. Única luna que tuvo el coraje de salir a buscar a su admirador.

No se sabe a dónde fue, qué caminos tomó, o si tomó alguno. No se sabe si alguna vez lo llegó a ver de nuevo, pero se dice que un día, el primero de Noviembre de hace no sé cuántos años, el astronauta que quiso a Primera con toda su alma amaneció cobijado con una manta igual a la que dejó en ella, con un rastro de polvo en la mano y recordando un sueño que sólo le contó a su Dios y a un par de lunas ya alejadas.

"¿Por qué se dedican tan fuertemente los humanos en romper los sueños de los niños pequeños, y de los que crecen todavía con algunos? Te sorprendería la cantidad de niños que quieren ser astronautas. Tal vez, ahorita mismo yo estaría viviendo mi propia historia con uno de ellos, y no solo contándote el fugaz romance de Primera, mi última pariente que fue verdaderamente feliz." -Luna Diciembre miró a lo lejano y concluyó "Wow, mira qué bonita estrella fugaz."

-Ricardo Arreola Partida.