Fue una mañana cálida de verano la que anunció una historia de lo más real a mi persona. Aunque yo fui sólo un espectador, pues el relato fue entregado a la joven que después conocería como Andrea Barriga, tomé cada palabra y la guardé silencioso para mí, para siempre.
"Que las nubes y la contaminación del aire nos cubran de la mirada inquisidora de las estrellas"-Con voz suave pero directa como carretera, y audaz como automovilistas en ella, parecía tener 70 años esa señora que cantó esas palabras, iniciando... simplemente algo. En sus pupilas se extraviaba el sol brillante, pues ya estaban totalmente ocupadas llenos de sabiduría. Prosiguió-"Las estrellas son celosas. Cada que nosotras, en especial nosotras, las mujeres, nos enamoramos ellas deciden esconderse un rato para maquillarse y salir en una noche en especial bonita para recuperar las miradas de los caball... de los hombres. Niña, tu mirada no se ve todos los días, en especial en este lugar. ¿Ya viste que las violetas se reflejan en tus ojos? Dime si me equivoco pero, te gusta dar vueltas corriendo con los brazos abiertos como si fueras aeroplano y conversas con las raíces del horizonte ¿cierto? Lo supe desde que te vi salir corriendo de detrás de aquel roble chueco... Te llamas Andrea. Aquí no estamos despiertos, Andrea, aquí ni siquiera es un lugar. Estás aquí, solamente para que yo te pueda decir mi canción. No tiene ritmo, y no tengo voz, así que sólo te la voy a cantar."
La joven no movía ni una articulación ni un músculo. Sus coordenadas eran ningunas, pero estaba sentada junto a la señora en una silla de madera vieja. La señora desde su silla de ruedas oxidada cerró los ojos y empezó a tararear. Noté que la joven sacó del bolsillo de su pantalón una foto arrugada y en blanco y negro. Era el rostro de un joven. No tenía ojos ni nariz ni boca ni orejas ni pelo. Era entonces, sólo el retrato de una silueta. "Encontré esta foto dentro de mi almohada la mañana siguiente del 4 de enero, esa noche había llorado, pero ya no me acuerdo por qué"- Dijo Andrea. "Y así es como inicia la canción"-Todavía con los párpados sobre sus ojos dijo la señora. Siguió tarareando y haciendo ruido con sus pies sobre la tierra.
"Esta foto tiene un nuevo rostro en ella cuando alguien está próximo a morir de amor, ¿sabe algo de esto? ¿puede explicarlo?"-De nuevo aquella joven habló, interrogando. "Es lo que te decía hace unos instantes, te gusta dar vueltas corriendo con los brazos abiertos como si fueras aeroplano y conversas con las raíces del horizonte. Eres pura. Aquellos que aparecen en la foto también lo son, pero sólo junto a alguien, son dependientes. Y, con juicio de valor incluido, eso no tiene nada de malo. No, claro que no. Pero a veces las estrellas son demasiado celosas... A veces, matan"-Cantó la mujer mientras Andrea se seguía interrogando muchas cosas, tomó una taza de té y bebieron ambas de ella. Siguió tarareando, haciendo ruido con sus pies y ahora era acompañada por el silbido del viento. "La misma foto he visto varias veces, muchas la han tenido. Muchas han tratado de salvar a los "muertos de amor" por mucho tiempo. Veo algo en ti que ninguna había tenido. Un nombre que comienza con A. Verás, la A es protectora, la A es protegida también, por la luna misma"-Empezó a haber mucho ruido. Parecía que la melodía había llegado a su parte más importante. No supe de dónde salía el ruido. La señora continuó con la última parte de su canción-"Escucha tu corazón. Escucha tu corazón. No te digo yo qué hacer. Escucha tu corazón. Escucha tu corazón." Y el ruido cesó. Todo cesó. Andrea se fue caminando por un camino de tierra azul.
Desperté. Había sido un sueño. El día siguió como cualquier otro, con la nueva de que tenía un pensamiento nuevo en mi cabeza. La historia que no sé de dónde salió, o si yo la había tenido siquiera. Era yo una pregunta ambulante en el pasillo de mi escuela y entonces, vi a la misma joven del sueño que había tenido yo, que no sabía si había sido mío. Andrea ahí estaba. Todavía parecía un sueño ella. Decidí seguir siendo una pregunta ambulante y me acerqué a ella. "¿Escuchaste a tu corazón?" Le pregunté sin dudar. "Lo escuché anoche, y sólo hacía "pum, pum, pum""-Me contestó. Siguió caminando libre por el pasillo. Di media vuelta y tararee una canción conocida. El petirrojo de cada mañana voló más alto. Las montañas a lo lejos bailaban. Conversé con cada pigmento verde del pasto. Escuché una voz a lo lejos, pero como un susurro en mi oído. "Escóndete esta noche". Volteé y no había nadie. Todo estaba en pausa y el mundo se volvió blanco y negro. Escuché mi corazón aquella noche de cuarto menguante, y lo único que pude escuchar fue el desfallecer de un "pum, pum, pum" que apenas se escuchaba.
-Ricardo Arreola Partida
Cuento para Andrea Barriga
-¿Barriga qué?
-Barriga
-¡¿BARRIGA QUÉ?!
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