miércoles, 13 de febrero de 2013

~Altas~

No aprendí a despedirme,
y ¿quién quiere hacerlo?
Miren que fueron altas.
Miren que me hubo algo
flotando en el aire cuando se fueron.
Miren, que en el atlas las encuentro
con el nombre de "noctilucas".

Lágrimas mismas, mías y de diferente sabor.
Letras quizás, sin entintar.
Un canto, y unos cuantos más.
Nudos alrededor, nudo par.
Paso 1: Morriña.
Paso 2: Recurdo.
Paso 3: Guardarlo.
Y paso último, no lo recuerdo.

Miren que la costumbre me acostumbró
a la lejanía.
Miren que hoy las tengo en corazón-cercanía.
Miren que fueron altas.
Miren que en el atlas las encuntro
con el nombre de "noctilucas".


-Ricardo Arreola Partida (a Luz Hernández y Concepción Ortíz RIP)

miércoles, 6 de febrero de 2013

~Agujeros~

Cuando las manecillas llevan años de ventaja sobre ti, y sólo apenas te has dado cuenta. Somos lo que se podría llamar maratonistas (y no de los buenos, he de aclarar). Apenas empiezo a sentir la necesidad de un trago de agua, pero al tomar el vaso veo que mi mano se ve diferente de lo que recordaba. ¿Esta es mi mano? ¿La que te tomaba a los diez y tantos años? ¿La que cargaba tus libros y libretas a la escuela? Vaya que sin tu mano y sin tus tiempos se ve diferente. ¡Apresuremos el paso que nos alcanzan!
Yo me prometí no prometerte nada nunca. Entre palabras nos olvidamos fácil y así es como diluimos nuestras inseguridades. Entre tanto formular palabras nos da dolor de caballo. Entre palabristas no soy de los mejores, y entonces te quedas con el cuerpo sigiloso y el espíritu silencioso. Si fuera tú, no lo pensaría demasiado; escapar a la realidad  que entretiene y olvidar lo sentimental. Entró una piedra en mi tenis. He de detenerme un instante; ya te acercas. Estás a punto de rebasarme.
Cuando las manecillas llevan años de ventaja, y la tecnología desplaza las manecillas. Mis adentros, nuestros "nosotros" ya no valen 3 pesos; ya comprendí la palabra "rezago". Gluglú de saliva. Me pongo nervioso y trago saliva cuando los demás competidores pasan junto a mí, temeroso de no recuperar mi lugar en el maratón. Y cuando me rebasas... Ya no soy de materia, y me pregunto si alguna vez lo fui. Te llevas tus sonrisas que dejaste en mí. Te llevas tus tiempos que compartiste conmigo alguna vez. Te llevas todo lo que creía verdadero y puro hacia la meta; hacia el primer lugar.
Me quedo y descalifico mi capacidad. Gluglú de terror al no saber cómo recuperarte. Me quedo agujerado, ¿por qué te llevas tu recuerdo que era mío y fue todo en lo que creí alguna vez? Me quedo parado, y entre los agujeros de mi cuerpo alcanza a pasar una ligera brisa.

viernes, 1 de febrero de 2013

~Saliendo barba encanta~

"...Si algo sale mal, saldrán las historias entonadas, formadas unas y cuántas; formadas en deforme ocasión. Si sale bien, pues, qué va, mañana podríamos necesitar de un par más de tazas de café y  dormir con los ojos cerrados hasta 12 horas para llorar sólo 3. Para, tal vez, estar juntos. No temer cuando salir 5 minutos tarde, o cuando se duermen más de 15. Un día de 36 horas..."

El entorno al rededor me pareció frágil y desvaneciente cuando leí lo que Jorge Grizdley había escrito en una clase de portador de hojas de papel en cuya portada se podía leer una etiqueta con la palabra "libreta" escrita con tinta china. No daba crédito a sus invenciones.
Si Jorge no había contestado llamadas o mensajes en los últimos 13 meses habrá sido por esta obsesión de tener un día con 36 horas, o al menos esa era mi conjetura. Después de 13 meses vine a buscarlo, hoy, 5 de Enero porque me encontraba inquieta. Quería saber si seguíamos teniendo una relación sentimental o si debía volver a aceptar los cócteles que algunos hombres barbudos me invitaban en los bares.
Él siempre me había parecido atractivo, y más cuando se encerraba en su casa algunos días para después salir a luz del día con ojeras y sin bañar, para acompañarme por un café. Creí que lo nuestro funcionaba correctamente, como reloj suizo, y que sería para siempre. Pero, si me pongo a pensar, ha pasado mucho tiempo sin que sepa de él, después de todo ¡13 meses! es una eternidad para muchos. 13 meses, cada uno con 18 días, cada día con 48 horas, cada hora con 19 minutos, y cada minuto con 444 segundos, y no he sabido de él en este tiempo. Recordé las matemáticas que utilizaba hace algunos años mientras abría las cortinas de la sala de estar de su residencia, vi que sobre el sofá verde en el que siempre se sentaba a leer yacía un calendario un poco extraño, había un mes llamado Octubre y cada mes tenía alrededor de 30 días. "Jorge debe estar más loco de lo que pensé", pensé. Me fui tan rápido como pude. Le dejé una nota que decía "Llámame en Octubre, besos, Laila Lin", tal vez como una pequeña broma coqueta. Salí y fui de regreso a mi casa, ahí me vestí con un vestido lila, calcé tacones y maquillé mis labios y párpados. "¿En qué bar probaré suerte esta noche?"



Ricardo Arreola Partida