A vísperas de la madrugada, avispas en mi cabeza. Desde hace ya 9 (más).
Desenmarañando sólo un poco el nudo que me aleja del palpitar, del sentir de forma real, que ha trabado el habla, pausado el latido... y que ha alejádome tantas veces (de ti, por ejemplo).
Escribo con los delirios, los miedos, las incapacidades presentes, pero con el espíritu más vivo que nunca, madurando más que nunca y buscando carácter en mi alma y equilibrio en el espíritu.
Motivado así, por no sé qué, a confesar que te quiero y agradezco el haberte conocido. Lo confieso para que lo sepas, para que mi pecho se vuelva a sentir caliente, y no espero nada a cambio, pues comprendo que mis miedos y yo nos encargamos de alejarte.
Así, transparente, me despido como uno más de los muchos que han de enamorarse de ti.
Gracias.
Ricardo Arreola Partida.