jueves, 6 de septiembre de 2012

~Martes~

Desconozco el día que conozco a diario. Un martes de hoy y mañana. Sigo sintiendo el adoquinado recorrido a tus sentimientos y sigo interpretándolos desde tus labios. Ayer amaneció en mis ganas de tenerte y atardeció con el temor de perderte alguna vez. ¿Qué puedo decir? Una vida de tenerte o una eternidad de soñarte. Ni sé cuál está bien y cuál está mal. O si hay alguna correcta e incorrecta. 
Vivo en un Martes que sigue siendo Lunes. Todo era simple cuando apoyabas tu cabeza en mi hombro. Vivo en un Martes que tu cabeza rectifica que es miércoles. 
Y dices bien. Ya no consigo hablarte a los ojos cuando tengo que hablarte. No consigo despegarte del pensamiento. Eres un pegamento que necesito en mis entrañas y no puedo simplemente desprenderlo de mi piel. Porque la piel le reza a tu vida que logre avistar en mí un latido. Porque mis brazos ruegan por que los recuerdes caballerosos. 
Y sonrío.
Y sonríes.
Y caminamos hasta cuando ya te debo dejar ir. ¿Y qué puedo hacer para no dejarte ir nunca? Pues lo único que sé. Te escribo muchos "te quieros" que se guardan en las arenas del tiempo. El corazón te doy y cansamos nuestra historia de "te quieros".
Te amo.
En Martes, y en cualquier día que exista en tu cabeza, mi pecho estará ahí para ser tu almohada, vida mía.

martes, 4 de septiembre de 2012

~Planes y planeadores~

Tu pelo que cae raso en relojes de arena. Tu pelo que detiene el tiempo con su esencia. Decencia, es lo que le falta a mis ojos desnudándose a los tuyos. Es tan clara la multitud de mis deseos de besarte que se enclarecen mis labios y mis impulsos. Mis deseos de besarte que nunca tocarán tus labios y tu pelo raso que existe caído en tus hombros pero nunca entre mis dedos. No reconozco la tragedia de nunca besarte porque nunca lo he hecho. Nunca extrañar mi sentido del tacto. Fiarme de la vista que me es mandada y confunde mis ojos por el resto de lo que resta del resto de mi vida. Se puede acceder a tu infinito caudal de palabras por medio de la paciencia. Y paciente es el tiempo y el reloj de arena, y ellos no corren ni se calman, aunque así parezca. No nos apresuran ni nos conceden nada de nada, nada hay en tus manos porque no existe lo que yo veo en ellas, y aún así el tiempo las desgasta con su arena viajera, pero no desgasta la nada que no existe que sólo existe en tus manos atemporales para mí.
Me gusta deambular por la idea de tenerte... pero el fabricante ni nos pensó juntos al fabricarnos. Y aún así siento la sombra de este árbol asintiendo, apoyando la búsqueda de tus pacientes labios, y el  revolotear del colibrí, y creo que voy por ti, ahora mismo arrodillándome con mis razonamientos, sólo escuchando el instinto que se llama en este instante... un beso tuyo.

Ricardo Arreola Partida.