Vivo en un Martes que sigue siendo Lunes. Todo era simple cuando apoyabas tu cabeza en mi hombro. Vivo en un Martes que tu cabeza rectifica que es miércoles.
Y dices bien. Ya no consigo hablarte a los ojos cuando tengo que hablarte. No consigo despegarte del pensamiento. Eres un pegamento que necesito en mis entrañas y no puedo simplemente desprenderlo de mi piel. Porque la piel le reza a tu vida que logre avistar en mí un latido. Porque mis brazos ruegan por que los recuerdes caballerosos.
Y sonrío.
Y sonríes.
Y caminamos hasta cuando ya te debo dejar ir. ¿Y qué puedo hacer para no dejarte ir nunca? Pues lo único que sé. Te escribo muchos "te quieros" que se guardan en las arenas del tiempo. El corazón te doy y cansamos nuestra historia de "te quieros".
Te amo.
En Martes, y en cualquier día que exista en tu cabeza, mi pecho estará ahí para ser tu almohada, vida mía.
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