miércoles, 30 de julio de 2014

"2028, al Oriente de 1984"

Año 2028, nos ha quedado la libertad de mirar el calendario, y nada más.

El Consejo de Manutención de la Paz y Equilibrio Social confirmará mañana por la mañana que en la patria de hoy, los románticos morimos por atrevernos a sentir algo más allá del miedo; condenado (porque el veredicto ya es de conocimiento popular) por atreverme a soñar fuera del régimen...

Conocí un mundo ideal, mi mundo ideal... "el" mundo ideal. "No camines siempre por estas calles frías y desmemoriadas, pues te convencerán que el mundo es frío y sin memoria. Más allá, más todavía hay un lugar donde la piel se eriza y se sublima, se contrae y se viaja, y el calor no es un calor de asfalto, de ciudad, es uno de paz y de entraña. Y el sol recuerda todo cuerpo que ha, tímidamente, entibiado". Fui detenido cuando caracterizaba... no, cuando presumía la acuarela mental que conservé de ese mundo. Un mundo que conocí en los ojos de una chica. La chica más bella, con la piel más tierna y una voz afinada por mil noches de primavera. 
Creo que ahora debo explicarles que hoy en día no nos es permitido enamorarnos. No está escrito en ninguna ley, y sin embargo todos los desdichados que nos enamoramos sufrimos la doble mala suerte de 1) enamorarnos y 2) suplicar por que no nos encuentren culpables por "alteración del orden público" y, por consecuente, desaparecernos. Los matrimonios arreglados otorgan tranquilidad al régimen que goza de "arreglar"las interacciones sociales. Trata de legitimarse a sí mismo eliminando algunas "libertades" que harían cuestionar su legitimidad. Por supuesto, hay estratos en los que se permiten cualquier libertad, cualquier amorío, e incluso romance, si es que saben hacerlo.

Estoy jodido, ese es mi caso particular, yo más que nadie lo sé. He promulgado alguna clase de independencia con la cual los gobernantes no "concuerdan"; he amado. Y aún lo hago. He amado desde el día en que la vi desde el exterior del restaurante francés de la calle Oriente 6. Ella tomaba vino con un joven; no reconocí en él ni un pisco de mí mismo, y es tal vez por eso que los delgados labios rosas de aquella mujer, tan delgados como un uso horario, nunca llegaron, ni llegarán a acercarse a mi boca. Pero eso no me priva de amarla, ni de amar con tanta fuerza la escena que vi por el gran vitral de aquel antiguo restaurante. Memoricé el fulgor del cortejo. El porte del joven cautivaba por completo la piel morena contraída alrededor de la sonrisa de la joven. El pie derecho del varón se estiraba tímido al presagio de un contacto con el zapato azul de la muchacha. Sus manos nerviosas revoloteaban por todo el lugar; cual mariposas parecían tener sólo un momento de vida, y querían tocar y moverse tanto como pudiesen. Parecía hablar más de lo que sus pulmones y cuerdas bucales sabían. La joven sesgó un poco el cuello y su cabellera negra invadió la soberanía del decorado parisino del lugar. Presentó sus manos altivas para esculpir el aire a su alrededor. Pestañeó un par de veces y entonces el joven había ya tranquilizado su cuantiosa estructura, respirando el perfume de escarcha y pino de ella. Y ella, como debía hacer en cuanto lugar se mostrase, permaneció memorable para ese momento, para ese lugar, para el corazón del que respira sueños, para la geografía de un mundo mejor, un mundo ideal.

Estoy jodido, eso lo sé mientras me acuesto en mi celda. Sé que mi sentencia es irremediable. Me acuesto, sabiendo que en unas horas dejaré de estar despierto y de estar dormido. El Consejo me hallará culpable y desapareceré.

Recuesto la cabeza sobre la dura almohada, tan dura como el frío de la noche. Es un frío que hoy como todos los inviernos deja nívea escarcha sobre los árboles y plantas de la ciudad, y sobre los barrotes de la ventana de mi celda que da hacia el Oriente, por donde está esbozándose el calor de un amanecer.


-Ricardo Arreola Partida

sábado, 19 de julio de 2014

"De lo psicótico en el arte"

Un hombre camina por los mosaicos de la galería de arte de la ciudad capital. Contempla el festival multicolor esparcido a sus anchas por el cuarto atestado de "monos"; así es como él se contenta de llamar a las personas alrededor suyo. Permanecen tan serios frente al lienzo principal, uno de no más de 70x100 cm que captura de manera casi abstracta el acto sexual de 2 formas rosadas, tratando de capturar las horas, el trasfondo y los nombres encerrados y que forman aquella estructura rectangular. "Puramente el arte por el arte" pensaba el hombre. Un hombre sin edad. Este hombre que convenía en declarar a quien estuviese dispuesto a escuchar, que la apreciación de una obra de arte no debía estar relacionada con otras 100 personas en un mismo cuarto, o la promesa de canapés apenas decentemente horneados y vino blanco, o la intensidad con la que las lámparas del techo cubren con su luz los cuerpos. Un hombre sin tiempo. "La apreciación del arte..." una vez más quería determinar exactamente los sentidos y los factores que debían de ser precisos en esta cuestión. Caminaba y sentía sus zapatos incómodos y su chaqueta se volvía cada vez más informal con el paso de los sacos. Decidió que no habría forma de aclarar sus pensamientos con respecto al arte en esa galería en esa noche. Casi expuso con orgullo su derrota al sentir que podría conducirse junto al gremio distraído y, tal vez, emborracharse un poco.

La sorpresa llegó a él justo cuando estaba dispuesto a irse para comprar cigarrillos. Se encontró mutilado de repente del experimento del que formaba parte. Sus pulmones se ensanchaban con una frecuencia que dilataba la calma con la que se había conducido toda la noche. Sus pupilas inhalaron de pronto la luz de las lámparas de techo y se fijaron en el único cuerpo que le produjo el querer haberse vestido más elegante. Una mujer de alrededor 20 años y que debía encontrar en esa galería, a las 10 pm, una amiga con la que finalizando la exposición beberían unas copas en algún bar cercano. Un ser de piel apenas coloreada que mantenía al hombre en un suspenso agónico cada que cambiaba de dirección su mirada. Quiso capturar su semblante perfecto, frágil y preocupado, pero no pudo más que sentirse indefenso, inútil. En su corazón se escuchaba cuánto apreciaba a aquella muchacha. 
Tomó un copa de vino blanco y al cuarto sorbo su apenada mirada dio con la de ella forzándolo a juntar todas sus fuerzas para pasar un poco de saliva. En la mirada preocupada del hombre pudo ella notar un suplicio, una flama. En menos de un segundo ya habían volteado a diferente dirección. El hombre posó su mirada en el cuadro principal que se exhibía, entrecerrando los ojos e inclinando un poco la cabeza hacia su lado derecho, pensando que podía realmente atestiguar en los colores del cuadro el sentir del autor, queriendo que aquellas formas rosadas de pronto se volvieran réplicas de él y la muchacha, y dándose cuenta que se había convertido en uno más de los monos de aquella galería salió rápidamente, compró una cajetilla de cigarros y bajo la noche estrellada y en el frío hiriente, esperó, con un cuchillo escondido en su chaqueta que la muchacha saliera de la galería, deseoso de poder hablarle de arte, de historia, de Van Gogh, de Kandinsky,...


De amor.


-Ricardo Arreola Partida

domingo, 15 de junio de 2014

"Carta"

Morelia, Michoacán a 14 de junio de 2014.
A vísperas de la madrugada, avispas en mi cabeza. Desde hace ya 9 (más). 
Desenmarañando sólo un poco el nudo que me aleja del palpitar, del sentir de forma real, que ha trabado el habla, pausado el latido... y que ha alejádome tantas veces (de ti, por ejemplo). 
Escribo con los delirios, los miedos, las incapacidades presentes, pero con el espíritu más vivo que nunca, madurando más que nunca y buscando carácter en mi alma y equilibrio en el espíritu. 
Motivado así, por no sé qué, a confesar que te quiero y agradezco el haberte conocido. Lo confieso para que lo sepas, para que mi pecho se vuelva a sentir caliente, y no espero nada a cambio, pues comprendo que mis miedos y yo nos encargamos de alejarte. 
Así, transparente, me despido como uno más de los muchos que han de enamorarse de ti.
Gracias.
Ricardo Arreola Partida.

lunes, 21 de abril de 2014

El Eloise

Dejemos desde un principio sentenciada esta declaración, el Eloise es el principio metafísico que permite la sanidad en la mente del ser humano. Pensemos, ahora, por un momento con crudeza acerca de la mente misma, de su funcionamiento y sus posibilidades. Tengamos en cuenta que las posibilidades de funcionamiento de la mente recaen en la mente misma, es decir que para que las posibilidades y la capacidad mental puedan existir dependen de, en un comienzo, que exista la mente. Dejemos, por ahora, de lado las condiciones que deben de existir en la mente para que su capacidad de ejercicio sea sana; centrémonos en un principio diferente, y por ahora más básico. ¿La mente puede iniciarse, sanarse, reiniciarse, defenderse, gobernarse, o detenerse por sí misma? ¿Cuándo se comienza a ser independiente en cuanto a la utilización de la mente (si es que en algún punto de nuestras vidas se es totalmente independiente en su uso)?
Normalmente entendemos que en la mente recae la voluntad del ser humano. Pero inclusive, ¿es la voluntad una noción verdadera de las infinitas posibilidades de realización? ¿Si alguna persona tiene la voluntad de viajar a otro mundo usando un plato de cereal podrá hacerlo? No, debemos entender que inclusive la voluntad humana (de la mente) depende de otro tipo de voluntad, una voluntad que rodea las posibilidades de realización de la primera voluntad y las gobierna; las determina. El Eloise.

Pensemos en el Eloise, para fines prácticos, en el suspiro que detiene vuestra habla. El nudo en la garganta que no nos permite hablar. El instante que pudo ser. La visión que cautivó vuestra atención y privó que viera hacia otro lado. Aquella barrera invisible que los distanció, y que, aunque viven en el mismo lugar en el mismo tiempo les ha privado el encontrarse en más de 6 meses. Lo que detuvo la posibilidad de que, como tú misma dijiste alguna vez, me cocinaras. El Eloise, aquella determinación celosa y joven, el principio y el fin de nuestras posibilidades. Mi probable. Eloise, la bella escritora de historias. Eloise, la que escribe tragedias y construye héroes. Eloise, la que determinó que Morelia se construyera sobre cantera, y sobre la cantera los morelianos creciéramos, y creciéramos para encontrarnos, para encontrarnos...
Eloise.



-Ricardo Arreola Partida