jueves, 22 de agosto de 2013

"Nocturno a los vasos de plástico"

Tomó un vaso de plástico del estante donde se guardaban los vasos. Lo llevó a su boca y notó que estaba vacío.

Tomó otro vaso del mismo lugar que había tomado el primero. Lo miró y vio que también estaba vacío. Así estaban todos. Todos vacíos. "¿Entonces qué voy a tomar?", pensó mientras miraba el tráfico por la ventana de su apartamento en el piso 9. 

Sacó del bolsillo de su pantalón jeans un celular no tan moderno como los usados comúnmente, lo metió en un vaso de cristal. "No es tan difícil, y aún así ésta es la única forma de tomarte. Tenerte."

El sol de la mañana siguiente se asomó por la ventana de su apartamento en el piso 9, iluminando todas las habitaciones, incluyendo la cocina; él, tirado, sin pulso. Ella no supo por qué nunca recibió una llamada del extraño que solo vio un par de veces.

-Ricardo Arreola Partida

"Nocturno del 23 de agosto"

Antes de aprender
quisiera olvidarme;
del status y los estados del agua.

Eres agua y te posas
entre las ranuras del mundo.
Entre las ranuras de mis secos labios,
mis secretos resguardados.
Maestría de la costa
tocar el costado del mundo
al cual no pertenece.

Como comisuras,
tus labios, podría comerlas.
Beber de ellas
tus silencios desteñidos;
mira, niña, que el contrario
de planear beber
también yace en el vaso de vino.

Aún párpados
y aún cerrar.
No se pueden encerrar
las castañas en otras castañas.

Bella, 
yo te tomo.
Más
arriesgado que 
pasarte por la garganta.
Sí.
Porque ahí te quedas
a ver ahogar el plan de probar bocado
después del vino.



-Ricardo Arreola Partida

jueves, 15 de agosto de 2013

"Fórmula de amar en tiempos de lluvia"

Contempla la suma de sus pasos; los retazos del instinto, la avenida del murmullo; hasta el mundo que conforma la silueta benevolente de la chica, la ecuación distinta indica que el mar de su deseo ha llegado hasta aquel puerto con sonrisa suave. Se ha multiplicado ya anteriormente el rubor en sus mejillas barbudas, el calor en su pecho; más ahora, y más ahora; pero tendrá ser dividido entre la lluvia centígrada baja, y el viento nublado que lo rodea mientras camina hasta la silueta benevolente de la chica. Su pensamiento encuentra su expresión mínima; y los latidos son los viajantes ahora. De igual forma es menor que un sapo, aunque a ciertos ángulos parezca un libro abierto.
La igualdad no fue encontrada y se divide el corazón; el resultante como pensó desde un principio. La fiesta de las pulsaciones en su piel y debajo. La mortalidad del momento. El resultante como pensó desde un principio... enamorado de la chica de los ojos miel.

-Ricardo Arreola Partida.

miércoles, 14 de agosto de 2013

"Fórmulas"

Ya es primavera de nuevo; pasa más lento el día aún después de ti/ 24hrs. = < 3. Ni primavera, ni otoño u verano. ¿U ahora u nosotros? No pido que dejes aún florecer; nada puedo pedirte más del cachito/infinito que me regalas.

-Ricardo Arreola Partida.

domingo, 4 de agosto de 2013

"Pensando en invitarte a salir"

Yo le creo a Rubén cuando dice que vivir sin amar es imposible. Rubén Darío. El de Nicaragua. Le creo desde que tuve conciencia de la vida y del amor. El amor, en secundaria. La vida, hasta ahorita le estoy agarrando el hilo. Y tiritan la comida y el aire puro como únicos e indispensables para la vida. Y tal vez mejor unan al club al amor y podamos conseguir algo así: "Amor, comer y respirar, para nosotros qué más se necesita. Ni pantallas, ni fotos. Ni medicinas, ni zapatos, ni cinturones de asteroides".
Y, pues, resulta que he mentido. Que a la vida no le hallo ni pies ni cabeza. Y a decir verdad, sobre el amor; ¿cuándo lo he tenido?; inexperto. Y solo queda entonces que me gusta el helado de limón y el aroma de los jardines. Pero no puedo evitar que cruce mi mente compartir un vaso azul pequeño, de los que dan en la neverías, repleto hasta el tope y más con helado de limón, tal vez de Pátzcuaro, y un par de cucharillas de colores. Compartirlo en un jardín diferente cada día, y hasta a los suspiros llegar cuando nos besemos. Compartirlo contigo. Y, teniendo entonces, comida, oxígeno, y, tal vez, engañándome un poco, amor, podría dejar de ver pantallas, sueños, relojes, lugares. Comenzar a reír, para después llorar. Comenzar a ver luz, para después ver sombra. Comenzar a ser feliz y desgraciado al mismo tiempo. Comenzar a ver lo terrible que es el amor, que es la vida. Pero más terrible sería si no lo tuviéramos, mucho más terrible; terrible como el reloj; como no tenerte mientras viajan las manecillas. Y me gustaría; ¡qué digo gustaría!; vivir contigo amándonos, si es que crees en eso. Pero, ¿sabes qué? olvida lo anterior.
¿Te gustaría ir por un helado y comerlo en cualquiera de los bellos jardines de Morelia?