domingo, 4 de agosto de 2013

"Pensando en invitarte a salir"

Yo le creo a Rubén cuando dice que vivir sin amar es imposible. Rubén Darío. El de Nicaragua. Le creo desde que tuve conciencia de la vida y del amor. El amor, en secundaria. La vida, hasta ahorita le estoy agarrando el hilo. Y tiritan la comida y el aire puro como únicos e indispensables para la vida. Y tal vez mejor unan al club al amor y podamos conseguir algo así: "Amor, comer y respirar, para nosotros qué más se necesita. Ni pantallas, ni fotos. Ni medicinas, ni zapatos, ni cinturones de asteroides".
Y, pues, resulta que he mentido. Que a la vida no le hallo ni pies ni cabeza. Y a decir verdad, sobre el amor; ¿cuándo lo he tenido?; inexperto. Y solo queda entonces que me gusta el helado de limón y el aroma de los jardines. Pero no puedo evitar que cruce mi mente compartir un vaso azul pequeño, de los que dan en la neverías, repleto hasta el tope y más con helado de limón, tal vez de Pátzcuaro, y un par de cucharillas de colores. Compartirlo en un jardín diferente cada día, y hasta a los suspiros llegar cuando nos besemos. Compartirlo contigo. Y, teniendo entonces, comida, oxígeno, y, tal vez, engañándome un poco, amor, podría dejar de ver pantallas, sueños, relojes, lugares. Comenzar a reír, para después llorar. Comenzar a ver luz, para después ver sombra. Comenzar a ser feliz y desgraciado al mismo tiempo. Comenzar a ver lo terrible que es el amor, que es la vida. Pero más terrible sería si no lo tuviéramos, mucho más terrible; terrible como el reloj; como no tenerte mientras viajan las manecillas. Y me gustaría; ¡qué digo gustaría!; vivir contigo amándonos, si es que crees en eso. Pero, ¿sabes qué? olvida lo anterior.
¿Te gustaría ir por un helado y comerlo en cualquiera de los bellos jardines de Morelia?

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