viernes, 31 de agosto de 2012

~Lover, lover, lost, lost~

Y
ayer
lluvia.

Y
sonrisa
surgía;
libélulas
bebían
momentos
nuestros.

Y ya
yo
quiero
nada.
Sentía
contigo
trémulas
tús.

A
la hora,
la que
ahora
huye,
queda
sólo
solo
un
trémulo
yo.

Y
hoy
llovía.

jueves, 23 de agosto de 2012

~San Cerrojo~

Ricardo volvió a evitar caer en el frenesí tan humano del amor. Se alejó casi sin saberlo. ¡Y es que qué absurdo le parece el mundo! ¿Saben?, ha dudado muchas veces si exista alguien que piense igual que él. ¡Y es que qué absurdo le parece el mundo! "Ya te has tardado mucho en aplicarte" (¿no es eso lo bonito de esta vida? Apreciar el tiempo junto a alguien, o eso creo). "Si no te busca, no te quiere" (¿Por qué nos gusta universalizar todo?). "Está mal visto si haces esto o lo otro" (Who's got a life's dictionary? Why is society telling me what to do?).

Bueno, que el mundo siga buscando una historia hollywoodense, porque Ricardo va a amar un poco.

¿Y qué si nunca revela la identidad de la chica que se ha ganado un lugar en su pensamiento diario? ¿Y qué si hace muchos años que no tiene una relación?
Él escribe porque lo siente en las yemas de sus dedos al teclear los poemas. Ah, y porque lo siente en el alma. Tal vez no crea en algunas cosas que todo el mundo sí crea, pero él cree en el alma y en lo correcto.

Se ha vuelto loco algunas 11,956 veces ideando escenarios a todas horas del día. Y hasta lo hacen sonreír porque su locura llega hasta esos rangos. Y aunque le da miedo la locura, muchas veces ni siente temblando sus manos y corazón.

"Te voy a amar porque sé cómo hacerlo, es mi forma, no, no sirve para muchos, y sólo es mi forma, tan rústica y campestre y absurda, pero te amo más que nadie". Y nunca lo ha dicho porque es su forma. Pasión. Alma. Encierro para poder ser libre. Qué contaminación del mundo, del planeta Tierra. Quiere encontrar a alguien mientras se encomienda a San Cerrojo en su cuarto y canta Emma's House de The Field Mice.
La verdad es que no sabe amar y se encomienda a San Cerrojo para aprender a hacerlo. Está desnudo de su corazón roto.

jueves, 16 de agosto de 2012

~Coeur d'un Mexicain~

Eleonor iba caminando a orillas del río Orizaba. En el camino empedrado se pintaba el transitar de una sombra adulta, de no más de 24 años. Era medio día.

De la primera carta que Vicente le había escrito, hace ya alrededor de 8 años, recordaba cada palabra, cada oración. Su memoria hogareña guardaba aquel texto con la intención de resguardarse en él cada que la neblina de esa ciudad veracruzana invadía los sentidos de sus habitantes. Su memoria guardaría por siempre estas letras: "Ayer te vi llegando a la estación de camiones. Se nota que no te gusta mi ciudad. Espero que te acostumbres a la lluvia y que lleguen a gustarte mis calles angostas. Porque aquí vamos a vivir cuando seamos grandes y nos casemos".

Vicente iba corriendo a orillas del río Orizaba. Sus pasos revoltosos que contrastaban con la corriente llana, buscaban desesperados los piesitos de Eleonor, su amada. Pasaba del medio día. Vio corriendo corriente abajo una carta que le resultaba familiar. Apretó el paso bajo el sol de aquel valle.

Eleonor flotaba entristecida mientras se detenía en una banca metálica junto al paseo del río. Tantos años con aquel hombre de barbas medianas, y todavía no estaban comprometidos. Para ella, seguir con él era como un juego en el que ya no podía ganar. Veía el caudal del río de la ciudad hermosa que nunca le pareció tanto, esperando que una solución escurriera de alguna parte. Estaba sentada como se sentaría una dama, cuando pronto...

Vicente llegó más delgado que nunca, perseguido por sus miedos, cuando después de un par de jadeos habló, y sus palabras quedaron guardadas en la memoria de Eleonor... "El corazón de este mexicano ya entendió, Eli. Tienes la misma carita que vi cuando recién llegaste a "pluviosilla". Extrañas tus propios paisajes, y estás con este hombre que nomás no dice nada. ¡Vámonos a cualquier lugar, juntos! Con un anillo en el dedo anular que le diga al policía, a la cocinera, al panadero y a la vecina que estaremos juntos siempre, en cualquier lugar. 8 años después, puedo decirte sin ningún miedo... ¿Te casas conmigo?"

Eleonor cambió la fachada de tristeza e incertidumbre. La verdad es que Vicente siempre tuvo las palabras correctas para hacerla sonreír, y ahora no sólo sonreía, sino lo besaba y le contestaba con un "sí" que hacía al río aplaudir. Sonora sinfonía de un par puro, sincero y enamorado, hubo ese día.

Fueron vistos por última vez en la estación de camiones un 17 de agosto. ¿Quién sabe a dónde fueron? Tal vez otras praderas verdes los adoptaron. Tal vez algún campo de trigo los acogió. Tal vez la ciudad les dio recinto. O algún mar pudo también recibirlos. Pero Orizaba siempre esperará a los amantes con sus lloviznas, y les guardará algún lugar entre sus calles angostas, para cuando regresen por sus cartas y su historia, para cuando Eleonor y Vicente la extrañen.

-Ricardo Arreola Partida.

miércoles, 15 de agosto de 2012

~Falling for you~

Si pudiera mantener la mirada, diría, "luce como luce aquel sentimiento que llega al término de la lluvia".
Si pudiera mantener la mirada, diría, "tiene unos ojos como tazas de café, o frascos de miel; derramo mis suspiros en ellos."
Si pudiera mantener la coherencia, diría de una vez por todas, "eres la más dulce conversación".
Si pudiera mantener la coherencia, diría de una vez por todas, "tiendes a ser las horas que me hacen falta desde la madrugada hasta la medianoche".
Si pudiera mantener la coherencia, diría de una vez por todas, "nunca había estado loco hasta el minuto que tu idea plural acogí en mí".
Si pudiera hablarte tiernamente, diría, "que tu oído sea el hogar de todas mis historias".
Si pudiera hablarte sobre el universo, diría, "hay tantas galaxias que todavía no conozco en tus pupilas".
Si pudiera hablarte con la voz de Frank Sinatra, diría, "la noche antes de anoche, que no anocheció, te tuve en mi pensamiento, y alumbraste esta hoja en blanco, y alumbraste mi locura, y también, alumbraste mil latidos por minuto".
Si pudiera hablarte valientemente, diría, "que tú me hagas feliz siempre, por favor".

-Ricardo Arreola Partida.

domingo, 5 de agosto de 2012

~Acerca del sol de media noche~

Cierto capitán de alta mar, de cierta edad, de aquella tierra o de cuál, hacia algún lugar, miró por la claraboya de su buque explorador. Esos párpados tristes resididos sobre un rostro enamorado, se abrieron completamente maravillados cuando la mira de aquel viejo logró captar el paso de blanquecino cometa. Por un segundo solitario logró sentirse acompañado de Isabel, cierta dama sin título, de algunas primaveras menor al capitán, de aquella tierra que ya no recuerda. La extrañaba en la superficie y en sus abismos. Hacía ya algunos días que no pensaba en ella. Siendo consciente de esto, decidió pensarla en cada pensamiento...
Para ser exactos, 7 horas 36 minutos después de avistar el espectáculo que lo hiciera enamorarse de nuevo, el capitán despertó. El sol le sonrió al despertar desde el lado exterior de vidrio de su pequeña ventana. Le volvió a sonreír al medio día, a media tarde, y aún, a la media noche, porque siempre era soleado, y el calor lo saludaba siempre que pensara en ella.
El alguna vez glorioso buque explorador rondó 287 días el Ártico, una región en ese entonces inexplorada. 
Otros 233 días pasaron y el capitán no tenía ruta alguna sino la del camino de lunares de la espalda de Isabel. Cada día pasaba más frío y lejano que el anterior. La ilusión y espíritu de la tripulación comenzó a caer, y nadie sabía cuántos icebergs y océano los separaba de su tierra. 
Todos los marineros comenzaron a recordar a sus respectivas Isabeles. Desde hace mucho tiempo que no se permitían recordarlas; el océano no era lugar para ese tipo de recuerdos. Estancado el buque explorador en aquel invierno interminable; los hombres estancados en la melancolía. Cientos de miradas y cientos de caricias existían como invisibles entes que llenaban de esperanza el vacío alrededor de la embarcación.
El sol decidió despertar al capitán con un silencioso toque de calidez en la claraboya de su camarote. Un sol que no se veía en meses. Un mar que no se veía en mucho tiempo. Un capitán que supo qué hacer en el mismo instante en el que vio el antes mar congelado que los rodeaba volverse líquido. Una tierra que esperaría aquella embarcación por el tiempo que fuera necesario, un trayecto que no acabaría pronto. 
Cierto capitán de alta mar, de cierta edad, de aquella tierra o de cuál, hacia algún lugar, miró por la claraboya de su buque explorador, esperando avistar el cabello chino de Isabel esperándolo en el puerto de algún mar, de alguna tierra, en algún tiempo, igual de enamorada.

"Say you'll love me every waking moment, turn my head with talk of summer time, say you need me with you now and always..." se escuchó en un momento sordo, en una historia que fue capturada en los ojos esperanzados del viejo amante del mar y la dulce mirada de Isabel. Un momento, de una historia, que fue sellada en un vals que recorrió las venas de aquel par, con el saludo de un sol de media noche acompañándolos para siempre.

-Ricardo Arreola Partida