jueves, 16 de agosto de 2012

~Coeur d'un Mexicain~

Eleonor iba caminando a orillas del río Orizaba. En el camino empedrado se pintaba el transitar de una sombra adulta, de no más de 24 años. Era medio día.

De la primera carta que Vicente le había escrito, hace ya alrededor de 8 años, recordaba cada palabra, cada oración. Su memoria hogareña guardaba aquel texto con la intención de resguardarse en él cada que la neblina de esa ciudad veracruzana invadía los sentidos de sus habitantes. Su memoria guardaría por siempre estas letras: "Ayer te vi llegando a la estación de camiones. Se nota que no te gusta mi ciudad. Espero que te acostumbres a la lluvia y que lleguen a gustarte mis calles angostas. Porque aquí vamos a vivir cuando seamos grandes y nos casemos".

Vicente iba corriendo a orillas del río Orizaba. Sus pasos revoltosos que contrastaban con la corriente llana, buscaban desesperados los piesitos de Eleonor, su amada. Pasaba del medio día. Vio corriendo corriente abajo una carta que le resultaba familiar. Apretó el paso bajo el sol de aquel valle.

Eleonor flotaba entristecida mientras se detenía en una banca metálica junto al paseo del río. Tantos años con aquel hombre de barbas medianas, y todavía no estaban comprometidos. Para ella, seguir con él era como un juego en el que ya no podía ganar. Veía el caudal del río de la ciudad hermosa que nunca le pareció tanto, esperando que una solución escurriera de alguna parte. Estaba sentada como se sentaría una dama, cuando pronto...

Vicente llegó más delgado que nunca, perseguido por sus miedos, cuando después de un par de jadeos habló, y sus palabras quedaron guardadas en la memoria de Eleonor... "El corazón de este mexicano ya entendió, Eli. Tienes la misma carita que vi cuando recién llegaste a "pluviosilla". Extrañas tus propios paisajes, y estás con este hombre que nomás no dice nada. ¡Vámonos a cualquier lugar, juntos! Con un anillo en el dedo anular que le diga al policía, a la cocinera, al panadero y a la vecina que estaremos juntos siempre, en cualquier lugar. 8 años después, puedo decirte sin ningún miedo... ¿Te casas conmigo?"

Eleonor cambió la fachada de tristeza e incertidumbre. La verdad es que Vicente siempre tuvo las palabras correctas para hacerla sonreír, y ahora no sólo sonreía, sino lo besaba y le contestaba con un "sí" que hacía al río aplaudir. Sonora sinfonía de un par puro, sincero y enamorado, hubo ese día.

Fueron vistos por última vez en la estación de camiones un 17 de agosto. ¿Quién sabe a dónde fueron? Tal vez otras praderas verdes los adoptaron. Tal vez algún campo de trigo los acogió. Tal vez la ciudad les dio recinto. O algún mar pudo también recibirlos. Pero Orizaba siempre esperará a los amantes con sus lloviznas, y les guardará algún lugar entre sus calles angostas, para cuando regresen por sus cartas y su historia, para cuando Eleonor y Vicente la extrañen.

-Ricardo Arreola Partida.

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