domingo, 5 de agosto de 2012

~Acerca del sol de media noche~

Cierto capitán de alta mar, de cierta edad, de aquella tierra o de cuál, hacia algún lugar, miró por la claraboya de su buque explorador. Esos párpados tristes resididos sobre un rostro enamorado, se abrieron completamente maravillados cuando la mira de aquel viejo logró captar el paso de blanquecino cometa. Por un segundo solitario logró sentirse acompañado de Isabel, cierta dama sin título, de algunas primaveras menor al capitán, de aquella tierra que ya no recuerda. La extrañaba en la superficie y en sus abismos. Hacía ya algunos días que no pensaba en ella. Siendo consciente de esto, decidió pensarla en cada pensamiento...
Para ser exactos, 7 horas 36 minutos después de avistar el espectáculo que lo hiciera enamorarse de nuevo, el capitán despertó. El sol le sonrió al despertar desde el lado exterior de vidrio de su pequeña ventana. Le volvió a sonreír al medio día, a media tarde, y aún, a la media noche, porque siempre era soleado, y el calor lo saludaba siempre que pensara en ella.
El alguna vez glorioso buque explorador rondó 287 días el Ártico, una región en ese entonces inexplorada. 
Otros 233 días pasaron y el capitán no tenía ruta alguna sino la del camino de lunares de la espalda de Isabel. Cada día pasaba más frío y lejano que el anterior. La ilusión y espíritu de la tripulación comenzó a caer, y nadie sabía cuántos icebergs y océano los separaba de su tierra. 
Todos los marineros comenzaron a recordar a sus respectivas Isabeles. Desde hace mucho tiempo que no se permitían recordarlas; el océano no era lugar para ese tipo de recuerdos. Estancado el buque explorador en aquel invierno interminable; los hombres estancados en la melancolía. Cientos de miradas y cientos de caricias existían como invisibles entes que llenaban de esperanza el vacío alrededor de la embarcación.
El sol decidió despertar al capitán con un silencioso toque de calidez en la claraboya de su camarote. Un sol que no se veía en meses. Un mar que no se veía en mucho tiempo. Un capitán que supo qué hacer en el mismo instante en el que vio el antes mar congelado que los rodeaba volverse líquido. Una tierra que esperaría aquella embarcación por el tiempo que fuera necesario, un trayecto que no acabaría pronto. 
Cierto capitán de alta mar, de cierta edad, de aquella tierra o de cuál, hacia algún lugar, miró por la claraboya de su buque explorador, esperando avistar el cabello chino de Isabel esperándolo en el puerto de algún mar, de alguna tierra, en algún tiempo, igual de enamorada.

"Say you'll love me every waking moment, turn my head with talk of summer time, say you need me with you now and always..." se escuchó en un momento sordo, en una historia que fue capturada en los ojos esperanzados del viejo amante del mar y la dulce mirada de Isabel. Un momento, de una historia, que fue sellada en un vals que recorrió las venas de aquel par, con el saludo de un sol de media noche acompañándolos para siempre.

-Ricardo Arreola Partida

No hay comentarios:

Publicar un comentario