Tu pelo que cae raso en relojes de arena. Tu pelo que detiene el tiempo con su esencia. Decencia, es lo que le falta a mis ojos desnudándose a los tuyos. Es tan clara la multitud de mis deseos de besarte que se enclarecen mis labios y mis impulsos. Mis deseos de besarte que nunca tocarán tus labios y tu pelo raso que existe caído en tus hombros pero nunca entre mis dedos. No reconozco la tragedia de nunca besarte porque nunca lo he hecho. Nunca extrañar mi sentido del tacto. Fiarme de la vista que me es mandada y confunde mis ojos por el resto de lo que resta del resto de mi vida. Se puede acceder a tu infinito caudal de palabras por medio de la paciencia. Y paciente es el tiempo y el reloj de arena, y ellos no corren ni se calman, aunque así parezca. No nos apresuran ni nos conceden nada de nada, nada hay en tus manos porque no existe lo que yo veo en ellas, y aún así el tiempo las desgasta con su arena viajera, pero no desgasta la nada que no existe que sólo existe en tus manos atemporales para mí.
Me gusta deambular por la idea de tenerte... pero el fabricante ni nos pensó juntos al fabricarnos. Y aún así siento la sombra de este árbol asintiendo, apoyando la búsqueda de tus pacientes labios, y el revolotear del colibrí, y creo que voy por ti, ahora mismo arrodillándome con mis razonamientos, sólo escuchando el instinto que se llama en este instante... un beso tuyo.
Ricardo Arreola Partida.
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