"...Si algo sale mal, saldrán las historias entonadas, formadas unas y cuántas; formadas en deforme ocasión. Si sale bien, pues, qué va, mañana podríamos necesitar de un par más de tazas de café y dormir con los ojos cerrados hasta 12 horas para llorar sólo 3. Para, tal vez, estar juntos. No temer cuando salir 5 minutos tarde, o cuando se duermen más de 15. Un día de 36 horas..."
El entorno al rededor me pareció frágil y desvaneciente cuando leí lo que Jorge Grizdley había escrito en una clase de portador de hojas de papel en cuya portada se podía leer una etiqueta con la palabra "libreta" escrita con tinta china. No daba crédito a sus invenciones.
Si Jorge no había contestado llamadas o mensajes en los últimos 13 meses habrá sido por esta obsesión de tener un día con 36 horas, o al menos esa era mi conjetura. Después de 13 meses vine a buscarlo, hoy, 5 de Enero porque me encontraba inquieta. Quería saber si seguíamos teniendo una relación sentimental o si debía volver a aceptar los cócteles que algunos hombres barbudos me invitaban en los bares.
Él siempre me había parecido atractivo, y más cuando se encerraba en su casa algunos días para después salir a luz del día con ojeras y sin bañar, para acompañarme por un café. Creí que lo nuestro funcionaba correctamente, como reloj suizo, y que sería para siempre. Pero, si me pongo a pensar, ha pasado mucho tiempo sin que sepa de él, después de todo ¡13 meses! es una eternidad para muchos. 13 meses, cada uno con 18 días, cada día con 48 horas, cada hora con 19 minutos, y cada minuto con 444 segundos, y no he sabido de él en este tiempo. Recordé las matemáticas que utilizaba hace algunos años mientras abría las cortinas de la sala de estar de su residencia, vi que sobre el sofá verde en el que siempre se sentaba a leer yacía un calendario un poco extraño, había un mes llamado Octubre y cada mes tenía alrededor de 30 días. "Jorge debe estar más loco de lo que pensé", pensé. Me fui tan rápido como pude. Le dejé una nota que decía "Llámame en Octubre, besos, Laila Lin", tal vez como una pequeña broma coqueta. Salí y fui de regreso a mi casa, ahí me vestí con un vestido lila, calcé tacones y maquillé mis labios y párpados. "¿En qué bar probaré suerte esta noche?"
Ricardo Arreola Partida
No hay comentarios:
Publicar un comentario