Hola, te estoy escribiendo un 8 de Junio y todos sabemos lo que significa. Hoy la siesta dura más. Hoy hay que escuchar rap y encontrar una nueva forma de caminar. Hoy sí me peino. Hoy me quieres poquito.
Te escribo un 8 de Junio porque sé que te gustan los días más que el chocolate y más que "vivir el presente". Espero que de tu agrado sea este 8 de Junio...
Este año como un parpadeo, o como una canción de 3 minutos que parece de uno.
¿Bailas conmigo? Porque hoy nos emparejamos las manos y nos las pegamos con Pritt para que no se despeguen. Bailemos porque ya sabes que mis 2 pies izquierdos quieren acompañar a tus zapatos recién estrenados en la pista de baile, mejor conocida como adoquín del patio de la escuela.
Bailaste conmigo, y nos vimos raro porque ya todos se acostumbraron a mirarnos raro siempre, entonces sus expresiones han quedado raras por el resto de sus vidas. Al menos para nosotros, y tu expresión rara de "no me importa" hace feliz mi expresión rara de "tener las manos pegadas con Pritt es medio incómodo... pero no te quiero soltar". Ya no miramos alrededor porque todo se ha convertido en formas borrosas. Y es que empezamos a dar vueltas tomados de las manos, mirándonos hasta los pensamientos por la forma en que nos miramos. Me doy cuenta que el Pritt en las manos siempre estuvo en mi imaginación. Lo único que tengo en mis manos son huellas dactilares, rayones de tinta de pluma, y tus manos. El pegamento más bien son tus dedos, que por cierto no son nada incómodos sino suaves y tiernos como cualquier minuto que se prolongue tu sonrisa, y que recorren los triunfos de toda mi vida, masacrándolos, y dándome nuevos. Como este preciso instante.
Ya no he tenido tiempo de tener tiempo. Ahora sólo me encargo de encontrar recetas para preparar un postre de lo más "compartible" contigo, porque conociendo tu gusto por el postre es probable que te lo regale y yo me quede con nada salvo con tu rara expresión de "niña bonita comiendo pastel". Me quedo con todo lo que necesito.
Te entrego una caja llena, llenísima, de otros días distintos a éste. Son varios, así que cuídalos, no se te vaya a perder ninguno, ninguno. Me escuchas contarte de manera fantástica los relatos de cada uno de esos días. Cómo olvidar la vez que combatimos con almohadas aquel dragón de 3 cabezas que se apoderaba de a poco de la alacena donde guardas las galletas. O la vez que... No, mejor no lo digo, mejor te vuelvo a besar exactamente igual, despertándote de aquella maldición milenaria que te hizo dormir 30 minutos más de siesta. ¿Recuerdas la vez que visitamos Saturno? Sí, el mismo día que te dije algo en voz bajita y pareció gustarte.
En fin, esas son historias de otros días. Hoy, te venía a regalar un escrito 8 de Junio que ya abarcó más días que tampoco pasaron. Pero igual te regalo un amanecer frío para que me abraces en alguien más, y tus guantes tengan la dicha de ser usados por tus manos friolentas. Y te regalo mis horas que pasan por la calle sin saludarme, sin verme siquiera. Y sonrió porque todo lo que tengo para regalarte en estas letras estará a salvo contigo. Una despedida que mi ritmo cardíaco ha de darte, porque yo no me sé ni las vocales, mucho menos sé hablar contigo. Lo mejor de hoy fue sin duda que no me diste nada, porque con tu expresión rara de "ya se acabó la preparatoria" me diste un final que no existía, y sonrío callado y con un poco de pastel restante en el refrigerador y con ganas de tener Pritt en mis manos y con una expresión rara de "te extraño" que se convierte poco a poco en un "ya no tanto".
-Ricardo Arreola Partida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario