domingo, 15 de abril de 2012

~Ricardo en la vida real~

Pues no sé, sólo recuerdo mi emoción por ir a ver una película a casa de... ella. La tan ansiada "Dan in real life". La primera que se encontraba en nuestra lista de "películas maravillosamente hermosas para ver juntos" (La verdad no me acuerdo del nombre de la lista o si tenía nombre, pero ése hubiera estado ad hoc). Mi madre me dijo que llevara un sobre de palomitas caseras que más que caseras son microonderas (sí, así es) para, dijo, "no llegar con las manos vacías". Pensé era buena idea y todo el trayecto de mi casa a la suya las llevé como cuidándolas en mi regazo. Palomitas naturales marca Act II que ensuciaron un bowl azul grande de plástico y que nos separó en el sillón con cojines amarillos y con flores anaranjadas estampadas en él.

La película, un bonito relato de el amor imposible que está tan presente en nuestra sociedad, con actuación de Steve Carell y quién sabe quiénes más. Hacía mucho no sentía tanto una actuación y me identificaba. La primera verdad es que era muy sentimental estando junto a ella (y estando separados también), y la segunda verdad es que el soundtrack de la película es tan perfecto como una pintura que hipnotiza con su simpleza y encantadora originalidad de un autor desconocido en la pared de una casa y no de un museo. En él (el soundrack), una canción que habla de (así lo tomé yo) tu amor, que, risible y absurdo parecerá, pudo abrir la puerta de mi corazón, y aunque me gustaría tomar crédito por esa oración, tengo que decir que es parte de la letra de "Let my love open de door", sin duda una que me gustó desde el primer momento en que la escuché y no solo porque Steve Carell tiene talento natural y un nudo en su garganta se atravesó cuando la cantó en la película, sino porque, también risible y absurdo parecerá, pudo haber sido una de "nuestras" canciones. Ella la aprenderías a tocar en guitarra y yo la cantaría, obvio con su ayuda porque sé cuánto gusta de cantar cual pajarillo en primavera. 

La última frase de la película, y con la que me quedo después de ese fugaz alboroto de hormonas que ella me hizo sentir, "expect to be surprised", causó en mi, tal vez, la única explicación al por qué ya nunca veremos una película juntos, y reiremos juntos, y nos queramos juntos, y todo lo que sentí esa tarde. Con su laptop enfrente de nosotros, cajas de películas recién rentadas en blockbuster y ella a mi derecha, con la imaginación mía tan poderosa y también tan ingenua que hoy se ahoga en recuerdos y se salva con ellos mismos, y mis manos que suplican una sorpresa de las tuyas, un último abrazo, una última carta, una última vida. A eso yo le llamaría una "sorpresa".

-Ricardo Arreola Partida

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