lunes, 2 de julio de 2012

~Aquella chica del labial rojo~

Los sintetizadores y demás aparatos que dieron vida a esta canción se me aceleraban en las venas. Alrededor luces y diferentes personas tratando de sincronizarse con el compás de la música y con cierto paso de baile estereotipado. Siempre he pensado que las personas se ven mejor bajo los rayos del Sol y sin nada que les cubra sus ya de por sí delineados rasgos faciales, es decir, sin maquillaje. Sin embargo, la oscuridad que dominaba unas cuantas luces de colores fácilmente nos agobiaba hasta el punto de apoderarse de nosotros y volvernos seres de la noche y hacernos sentir cómodos con eso. Pues sí, estaba cómodo en el entorno, no extrañaba mucho la luz solar ni mis libros ni mi café americano. Bueno, tal vez un poco mi café americano. Pensaba en el resultado de  juntar las bebidas de colores que daban en ese lugar junto con la desvelada y mis ridículos pases de baile, y dije "mañana mis ojeras serán dignas de un casi excéntrico que duerme todo el día y extraña un poco el café de todos los días". No sé si yo decidí dejarme llevar por lo que aquel lugar de frenesí expresaba o si fue su decoración pomposa la que me "obligó" a hacerlo. Estaba con un grupo de amigos que... "Wow, ¿Ya vieron a esa chica del vestido azul marino?" les dije. No sé por qué no se enamoraron de ella en ese instante como lo hice yo y mis piernas. Bueno, mis piernas no tanto, hasta se me durmieron un poco y se pusieron débiles del desinterés que les causaba... seguramente. En ese mismo instante es cuando quería tener la respuesta a la pregunta "¿Acaso el amor existe?". Obviamente no quería seguirla viendo si no había la posibilidad de casarme con ella. En su silueta, su collar perlado y sus movimientos que eludían lo cotidiano encontré lo que para mí fue la respuesta más clara que pude haber encontrado en aquella iluminada oscuridad, pero sobre todo en sus labios carmesí, para ser más exactos labios rojos retocados por el labial color sweet nectar de la marca maybelline, o algo así. Existe el amor y mis manos lo confirmaron temblorosas. Y aunque quisiera contarles con exactitud la historia de la primera vez que vi bailando a mi futura esposa iluminada con la más bella sonrisa que he de ver mientras viva, el asombro y el alcohol no me dejan recordarlo como quisiera. Pronto, mejor, les contaré de cómo bailamos juntos, ella con vestido blanco y yo con algún smoquin, con su mano derecha en mi mano izquierda, su cintura en mi mano derecho y su mano izquierda en mi hombro, sus ojos canela mirándome y con mi vida entera en su sonrisa nívea, con "The way you look tonight" de fondo. Dejando de imaginarla.

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