martes, 6 de julio de 2010

~Tengo una bomba de tiempo y no dudaré en usarla (parte 1)~

"Tengo una bomba de tiempo y no dudaré en usarla. Poder volver a verla significaría...". Con estas palabras nuestro gran amigo que desde la infancia tenemos dejó en claro que no debimos dejar pasar sus tantas intrépidas e incoherentes confesiones, y debimos más bien, tomarlo en serio desde el principio. Los que vimos aquella escena habíamos decidido no ver las anteriores escenas de nuestro amigo. Lo cegamos porque era el más sano de todos. Creo que para tener algo de atención hay que estar algo locos. Y al ver aquel rostro sudando fatalidad, inhalando y exhalando en seriedad, despeinado y con la mirada como suplicando en silencio, recordé el primer día que lo vi, sobre el pasto del parque del vecindario y exclamando su brazo roto a quién sabe quién, inocente y... pues sobre todo fabuloso desconocedor del mundo. Temí un poco por el hombre que veía ahora frente a mí. Pero apenas un par de segundos después supe que no debía de temer, porque el hombre que tenía frente a mí seguía siendo el niño que nunca comió una luneta de otro color que no fuera rojo, licenciado en recolección de lombrices y mi mejor amigo. 
Había cambiado un poco, porque los frenos del carro de Valeria lo habían dejado sin el sonido de la risa y la compañía de la mujer junto con la que soñaba siempre que estaba despierto. Recuerdo que trataron de calmarlo y que recapacitara con frases como "por favor, piénsalo 2 veces", "amigo, no lo hagas" o "ven, tranquilízate, todo va a estar bien", pero yo fui el único que lo apoyó. Nunca lo había visto tan decidido. Y aunque siempre fue un niño bastante llorón, incluso hasta la adolescencia y un poco menos en la adultez, nunca había visto las lágrimas que soltó aquel día, las lágrimas que me dijeron que iba a estar bien, que se despedía nada más por un ratito y que nos iba a guardar un lugar junto a él en cualquier dirección que se fuera. No dio lugar para despedidas y presionó el botón rojo de su llamada "bomba", despidiéndose inocentemente como alguien que nunca quiso conocer mucho el mundo, pero que lo conoció mejor nadie. Fue a visitar a Valeria, y según nos dijo, a despedirse también de ella. Tenía preparado un poema, aunque él nunca fue bueno escribiendo, y un diccionario español-francés porque ella siempre había querido ir a Francia. Supimos que en nuestros corazones lo encontraríamos siempre el día que se dio cuenta que se había enamorado de Valeria, un día como hoy de hace 12 años, un 19 de marzo. 
"...significaría poder volverme a sentir vivo, para entonces poder regalarle un poco de mi vida y decirle que respirando o sin respirar siempre estaremos juntos".


~Ricardo Arreola~

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