Su corazón palpó sus ojos entrecerrados por un segundo. Dante ahora estaba sobre sus pies descalzos buscando los calcetines que había perdido esa misma noche en algún rincón de sus colchas. Sabía que no podría dormir ni un día hasta que...
El motor del automóvil de Dante rugía sonoro hasta los oídos vecinos de 3 cuadras a la redonda. No era un modelo viejo, sin embargo las condiciones en las que lo usaba habían deteriorado ya más de la cuenta la vida normal del motor. No dejó que se calentara, como normalmente lo hacía, y arrancó sin fijarse que el freno de mano seguía arriba. También sin darse cuenta logró quitarlo antes de que ocurriese algo más, y con vehemente determinación manejó la palanca de cambios hasta donde...
Marianne no dormía. Desde el momento en que se había recostado en su colchón su mente no paró de girar. Marianne no dormía, tenía los ojos entrecerrados desde que escuchó el sonido del automóvil de Dante tan característico. Pero los latidos de su corazón la levantaron y llevaron a asomarse a su ventana. Chupó sus labios y acomodó su cabello un poco. Salió de su casa.
Dante la vio saliendo temblorosa, pero para cuando llegó hasta la puerta del carro su cuerpo se manejaba seguro como carretera de un solo sentido.
Al principio no se escucharon palabras. La tez de Marianne parecía aclararse conforme los grados de temperatura caían; Dante por un momento pensó que podría tomar un poco de su piel y sembrarla en un campo francés, que después diera vinos y viretes, y cosechar ese momento por siempre. Se limitó a mirarla, tan cerca que el sentido obvio de lo incorrecto de haber manejado hasta allí a esa hora desapareció; lo único que permanecía entre esos 2 eran 5 segundos... 5 segundos antes del primer beso.
Marianne sintió cómo se entumecían sus piernas. Para el momento en que rodeo a Dante con ellas ya no las sentía, pero la piel de la cintura de Dante, la cual tenía entre sus piernas, ésa sí la sentía, se había adueñado de ella y podía acomodarla a su gusto. La noche dio una pausa para que la espalda de Marianne fuera explorada y sus lunares conquistados. Un único "te amo" se escuchó esa noche, el que salía de los labios de Dante. Marianne no podía pronunciarlo aún; escondió sus sentimientos en la oscuridad y en caricias a las clavículas de Dante, pasando realidades nunca vividas y minutos nunca conocidos por entre las comisuras de sus labios. Se filtraron los secretos por entre sus poros. El mundo giraba ahora con la energía que impartían los labios de Marianne sobre los de Dante. Las avenidas nunca se sintieron tan desnudas. Los sueños se interrumpían con imágenes de pestañas negras. El pulso de las letras se escurrió por las coladeras. Ésa noche les perteneció solamente a Dante y a Marianne.
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