Me han recetado hace poco gotas que a mis ojos salpicaré. Ni se puede así, ni se puede; pero es el achaque de la temporada y el párpado debe abrirse en algún momento. Y es ahorita lo que pasa. Porque después pasa que al tío Luis se le olvida el alzheimer y le llora a la tía Carmen, tratando de mantener la temperatura que alguna vez mantuvo su cuerpo caliente. Y es que no se olvida, la muerte no se puede olvidar... ni tampoco el amor.
Ni el Enter ni la barra espaciadora la han revivido. Las flores del comedor lo anunciaron y nadie lo notó. No importaría; de todos modos, de ningún modo; ya se encontraba despedida.
No le han dicho a Luis que la abuela Conchita (su hermana) ya descansó. No me imagino cómo sería, pero murió en el calor de Lázaro Cárdenas. Fue en Febrero y no festejé mi cumpleaños. No me dieron dinero por mis 19 que pudiera haber intercambiado por flores. Ella me dio canciones que no conocía, me dio un sobrino, hijo de mi prima, nieta de ella. Una receta de sopa que ya no recuerdo. Una receta de sopa que ya no recuerdo. Una receta de sopa que apenas recuerdo.
Ni el Enter ni la barra espaciadora la han revivido. Las flores del comedor lo anunciaron y nadie lo notó. No importaría; de todos modos, de ningún modo; ya se encontraba despedida.
No le han dicho a Luis que la abuela Conchita (su hermana) ya descansó. No me imagino cómo sería, pero murió en el calor de Lázaro Cárdenas. Fue en Febrero y no festejé mi cumpleaños. No me dieron dinero por mis 19 que pudiera haber intercambiado por flores. Ella me dio canciones que no conocía, me dio un sobrino, hijo de mi prima, nieta de ella. Una receta de sopa que ya no recuerdo. Una receta de sopa que ya no recuerdo. Una receta de sopa que apenas recuerdo.
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