Sabíamos, al menos tú,
que el invierno primero
permanecía secreto, incógnito,
explosivo, detrás de tu cuello.
Y fue nuevo mientras se helaba
la impulsiva sangre violeta
de la bella mujer otoñal.
Ahora, nueva es su dolencia.
Ni tan nueva, es mi voz,
que le grita desde el alma
a su helado balcón.
¡Ni tan nuevo es el dolor!
Se siente mentir, cuando
canto bienestar..sin razón.
Se siente, entre los entumidos
dedos.. el corazón.
~Ricardo Arreola~
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